“Como fue indicado anteriormente, no existe evidencia suficiente en algún lugar para probar absolutamente a Dios, pero existe evidencia suficiente para justificar la suposición o la fe que Dios existe” (Thomas, 1965, p. 263, énfasis en original).
“Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo” (Juan 4:42).
INTRODUCCIÓN
Es evidente que las dos declaraciones anteriores están en contraposición absoluta. La primera declaración sugiere que la gente puede sostener la suposición de que Dios existe—una posición que el autor identifica como “fe”. La segunda declaración, de la pluma del inspirado apóstol Juan, describe a algunas personas de Samaria que expresaron fe en la deidad del Señor porque sabían que Él era el Salvador—basados sobre las evidencias que Él les había provisto.
Los dos sentimientos no pueden ser correctos, porque representan ideas mutuamente exclusivas de la fe bíblica. Por un parte, se nos pide creer que la fe es una “suposición” hecha por una persona que simplemente desea creer en algo. Por otra parte, el registro bíblico enseña que el conocimiento es una parte integral de la fe, y que la fe no es solamente una “conjetura educada” o suposición infundada. ¿Por qué existe esta confusión sobre el asunto de la fe bíblica? ¿Cuál es la relación entre la fe y el conocimiento?
¿POR QUÉ LA CONFUSIÓN?
Tal vez hay tanta confusión rodeando el concepto de la fe porque hay tantas definiciones de tantas fuentes muy variadas. Primero, la fe ha sido definida por sus opositores como “el poder para creer lo que se sabe que no es verdad”, o “una creencia ilógica en el suceso de lo improbable”. Segundo, hasta las autoridades neutrales han añadido al conflicto con los diccionarios de reputación que sugieren que la fe es una “creencia firme en algo por lo cual no hay prueba”, o “una creencia sin la necesidad de la prueba segura”.
Tercero, algunos en la misma comunidad religiosa han sido responsables de, o han añadido a, mucho de la confusión. Los ejemplos abundan. En su “Introducción” a The World and Literature of the Old Testament (El Mundo y la Literatura del Antiguo Testamento), John T. Willis ha escrito: “La Biblia clama ser inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16). No hay ninguna manera de probar o desmentir absolutamente esta afirmación, aunque los argumentos han sido propuestos por ambas partes del asunto. Esto debe ser aceptado por fe o ser rechazado por incredulidad” (1979, 1:11). J.D. Thomas, en su texto, Heaven´s Window (La Ventana del Cielo), escribió:
En todos los asuntos de la epistemología religiosa llegamos al problema de distinguir entre el conocimiento absolutamente probable y lo que es dependiente a la fe hasta cierto punto... En otras palabras, los hombres de fe fuerte “parecen que” tienen conocimiento absoluto, aunque en esta vida nunca pueden tener algo más que una fe fuerte (1974, pp. 131, 132).
En su libro, Dear Agnos (Estimado Agnos), Arlie J. Hoover dijo que “la fe, situada entre el conocimiento y la ignorancia, la certeza y la credulidad, en un sentido carga la esencia de ambos. Tiene algo de evidencia, la cual la relaciona al conocimiento, aunque tiene algo de incertidumbre, porque la evidencia es indirecta” (1976, p. 28). Roy F. Osborne sugirió que “la fe de cualquier clase está basada sobre la probabilidad... En un mundo de seres falibles, sentidos imperfectos y experiencias parciales, la certeza absoluta es solamente un concepto teórico” (1964, p. 132).
Si estos escritores están en lo correcto, la fe está basada sobre poca prueba substantiva, o, realmente, sobre ninguna prueba. La fe también hace que los hombres “parezcan” saber algo aunque, de hecho, no saben. Además, en el mejor de los casos la fe es una proposición de probabilidad que puede, o no, tener algo que ver con la verdad. Y, la fe es vista como una entidad compuesta de una suma pequeña de conocimiento y una gran porción de incertidumbre. Entonces, no es sorprendente que exista tanta confusión en el mundo de hoy en día concerniente al concepto de la fe bíblica y su relación al conocimiento.
En el fondo, los conceptos inapropiados de la fe dañan o destruyen la efectividad del cristianismo. Hay varias razones por las cuales este es el caso. Primero, a diferencia de muchas otras religiones, el cristianismo siempre ha estado basado sobre los hechos históricos. Desde la historicidad del mismo Jesús, hasta la realidad de Su resurrección, el cristianismo ha entrado en el mercado de ideas con la factualidad como su fundación. Retroceder luego y sugerir que el cristianismo está basado sobre un sistema de creencia no-probado e improbable nebulosamente llamado “fe”, es robar al cristianismo uno de sus pilares más importantes—arraigado verificablemente en el hecho histórico. Lo que debería ser documentado es reducido a mera ilusión.
Segundo, vivimos en una sociedad en que un examen de las varias evidencias que sostienen una afirmación ha llegado a ser prácticamente un suceso cotidiano. Si compramos un auto o consideramos los alardes del anunciante sobre sus productos, rutinariamente investigamos una plétora de evidencias que pueden probar o desmentir lo que está siendo dicho. La Biblia enseña que la humanidad está perdida y necesita desesperadamente la salvación, la cual viene solamente por Jesucristo. Más a menudo que no, la persona que acepta y obedece el Evangelio experimenta un cambio radical en su pensamiento como en su manera de vivir. Ciertamente, la naturaleza de la afirmación cristiana es tan grandiosa que requiere tanto la investigación como la verificación. La sugerencia de alguien de que el cristianismo, o el cambio de vida dentro de uno, está basado sobre poco más que una aseveración no-probada (que puede o no puede ser verdad) nunca podría ser considerada como un enfoque racional que se recomendaría a gente inteligente.
Tercero, con seguridad aquellos en el mundo que todavía no son cristianos, aunque esperamos verles llegar al cristianismo, son suficientemente inteligentes para identificar una artimaña que les pide “actuar como que” saben que Dios existe, “actuar como que” saben que Jesús es Su Hijo, o “actuar como que” la Biblia es Su Palabra inspirada cuando, de hecho, no saben estas cosas de ninguna manera. Además, si los cristianos simplemente “parecen que” saben, aunque en realidad no saben, ¿por qué no son catalogados como hipócritas? ¿Y por qué es el cristiano—quien al final tendrá que admitir que en realidad no sabe estas cosas—diferente al agnóstico quien no tiene reparos en admitir que realmente no puede saber estas cosas?
Cuarto, cualquier idea que sugiere que la fe está basada sobre “la probabilidad” está al mismo tiempo tácitamente admitiendo que hay algo de probabilidad, no importa cuán mínima, de que el cristianismo pueda ser falso. Abordando este asunto, Dick Sztanyo observó:
El admitir que el cristianismo sea sólo probable es admitir la posibilidad de que, de hecho, ¡pueda ser un engaño! ¿Podría usted, en su momento más irracional, imaginar aun la menor posibilidad de un apóstol predicando al “Dios de la probabilidad” o al “Dios que puede ser”?... Quiero insistir en que no existe ni un artículo en el cristianismo, sobre el cual la salvación de nuestras almas dependa, que sea solo probablemente verdadero. En todo caso, la evidencia provista es suficiente para establecer la prueba conclusiva concerniente a la verdad de la fe cristiana (1996, pp. 14, 16, énfasis en original).
LA FE Y EL CONOCIMIENTO
Entonces, ¿qué es la fe bíblica? ¿Cómo se relaciona a la “creencia”? Y, ¿Cuál es su relación apropiada al conocimiento?
La Fe y La Creencia Bíblica
No es raro oír a alguien declarar, concerniente a una creencia que no puede ser probada como verdadera, “Esto es solamente un asunto de fe”. O, si alguien está siendo aconsejado sobre un curso particular de acción, la recomendación podría ser, “Solamente lánzate por fe”. ¿Cuántas veces ha sido hecho el comentario de que algo es simplemente un “paso de fe”? Aunque la “fe” pueda ser utilizada en estas maneras, esta fe no es la fe bíblica. ¿Cuál es la relación entre la fe y la creencia bíblica?
¿Es la fe creencia? Sí, pero el asunto se centra en la clase de creencia que es la fe bíblica. La creencia se refiere primariamente al juicio de que algo es verdadero. La creencia puede ser débil o fuerte. “Creo que lloverá mañana”, es un ejemplo de una creencia débil. Es una opinión que tengo, pero—aunque espero que sea verdadera, y por eso creo que es verdad—es una creencia que no puedo probar. “Creo que la sentencia en el proceso es justificado,” es un ejemplo de una creencia fuerte, porque puedo presentar razones para mi creencia, las cuales están basadas sobre las evidencias disponibles. Abordando la idea de la creencia “débil” versus la “fuerte”, David Lipe ha dicho que “la diferencia entre estos dos tipos de creencia gira entorno a las causas de las creencias” (s.d., p.3, énfasis añadido). En su texto, Critique of Religion and Philosophy (Critica de la Religión y la Filosofía), Walter Kaufmann hizo una lista de siete causas de creencia, la primera de las cuales expone que “Han sido ofrecidos argumentos para su apoyo” (1958, pp. 132 et.seq.). Entonces, la creencia fuerte es un acto racional basado sobre evidencia adecuada. La creencia débil es producida por tales cosas como la emoción, el interés personal, etc. (vid. Lipe, p. 4).
La fe bíblica es una creencia fuerte basada sobre evidencia suficiente. En el Nuevo Testamento, el sustantivo “fe” (griego, pistis) es definido como: “primariamente, firme persuasión, convicción basada en lo oído... Se usa en el NT [Nuevo Testamento] siempre de la fe en Dios o en Cristo, o en cosas espirituales” (Vine, 1999, 2:374). El verbo “creer” (Griego, pisteuo) es definido como: “creer, también ser persuadido de, y por ello fiarse de, confiar...apoyarse en, no una mera creencia” (Vine, 1999, 2:217). Entonces, la fe bíblica es una convicción basada sobre la evidencia, y “no una mera creencia”. La Biblia no reconoce cualquier concepto tal como un “paso de fe”, porque la fe bíblica siempre está basada sobre la evidencia o el conocimiento. Pedro instó a los cristianos a estar “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Esto corresponde directamente con lo que Kaufmann llamaría una causa para creer ya que “se ofrece argumentos para su apoyo”.
La Fe Bíblica y el Conocimiento
Una de las leyes fundamentales del pensamiento humano es la Ley de la Racionalidad, la cual demanda que lleguemos solamente a tales conclusiones que son justificadas por la evidencia adecuada. El filósofo agnóstico Bertrand Russell lo expuso de esta manera: “Dé a cualquier hipótesis que vale la pena su consideración justo ese grado de confianza que la evidencia asegura” (1945, p. 186). La fe bíblica se adhiere a la Ley de la Racionalidad, y busca conclusiones justificadas por la evidencia. Al establecer la fe bíblica, tanto la razón y la revelación son empleadas. Geisler y Feinberg han definido estos términos como sigue:
“La revelación” es una manifestación sobrenatural de Dios de la verdad que no puede ser descubierta por los esfuerzos del razonamiento humano sin ayuda. “La razón” es la capacidad natural de la mente humana para descubrir la verdad (1980, p. 255).
Al usar el razonamiento apropiado, el cristiano construye la fe basado sobre numerosas vías de evidencia. A veces esa evidencia está basada sobre el testimonio provisto por la revelación. Pablo escribió que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Guy N. Woods notó que:
La fe genuina se deriva de los hechos presentados a la mente y de los cuales las deducciones apropiadas y correctas después son extraídas (Juan 20:30, 31)... No existe tal cosa como la fe “ciega”. La fe en sí misma es posible solamente cuando la razón reconoce la fiabilidad del testimonio que la produce (1994, 125[11]:2).
Los escépticos, desde luego, han sugerido que la dependencia en el testimonio no necesariamente resulta en el conocimiento personal correcto. Thomas Paine escribió en The Age of Reason (La Era de la Razón):
Nadie negará o cuestionará el poder del Todopoderoso en hacer tal comunicación, si Él quiere. Pero el admitir, por causa de un caso, que algo ha sido revelado a una persona, y que no fue revelado a cualquier otra persona, es revelación solamente para esa persona. Cuando la persona cuenta a una segunda persona, la segunda a una tercera, la tercera a una cuarta, y así sucesivamente, esto deja de ser una revelación a todas esas personas. Solamente es revelación para la primera persona, y habladurías para todas las otras, y por consiguiente ellas no están obligadas a creerla (1794, pp. 8-9, énfasis en original).
Sin embargo, la evaluación de Paine es incorrecta, como un examen de los casos históricos y bíblicos atestiguarán. ¿Debe el testimonio por necesidad ser atenuado o destruido simplemente porque ha sido pasado de generación en generación? De ninguna manera. Sabemos que George Washington vivió, aunque nadie le ha visto por varias generaciones. Sabemos de otras personas y otros eventos de la misma manera, como un resultado directo del testimonio creíble pasado fiablemente de época a época.
La Biblia presenta un caso de la exactitud de la información pasada de persona a persona. María Magdalena había visto al Señor después de Su resurrección. Ella les dijo a los discípulos quienes, según el texto, “no lo creyeron” (Marcos 16:11). Después, Jesús se apareció a dos hombres que caminaban en el pueblo. Ellos también anunciaron que el Señor estaba vivo, pero de los discípulos fue dicho que “ni aun a ellos creyeron” (Marcos 16:13). ¿Fueron los discípulos justificados por rechazar los reportes de la resurrección simplemente porque ellos mismos no fueron testigos oculares? ¿Fue su incredulidad de alguna manera evidencia de “integridad intelectual” de su parte?”.
No, los discípulos no fueron justificados por su incredulidad. Después, cuando el Señor se apareció a ellos, “les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Marcos 16:14). Por lo tanto, el Señor verificó el principio que Paine intentó refutar. Si María Magdalena hubiera expresado con exactitud a los discípulos lo que había visto, y ellos a su vez hubieran expresado con exactitud lo que les fue dicho, ¿no constituiría esto un testimonio válido, basado sobre evidencia que aseguraría la fe genuina en la resurrección? Los hechos deben ser reportados antes que puedan ser creídos. En Hechos 18, son dadas las circunstancias en que “muchos de los corintios, oyendo, creían.” ¿Qué fue lo que oyeron que les causó creer? Fue el testimonio dado por Pablo. Por consiguiente, la fe está presentada como la aceptación del conocimiento basado sobre el testimonio creíble.
A veces la evidencia para la fe puede venir por la vista, como lo fue en el caso de Tomás cuando Cristo le dijo después de Su resurrección, “Porque me has visto, Tomás, creíste” (Juan 20:29a). Los samaritanos, mencionados anteriormente, creyeron en el Señor. El hecho de verle no descartó su creencia en Él (Juan 4:41). Hay tiempos cuando la fe y la vista andan juntas. Los hombres a veces caminan por fe por causa de la vista. Varios llegaron a obedecer al Señor durante Su ministerio terrenal a causa de lo que oyeron y vieron. Durante los primeros años de la iglesia, varios creyeron por causa de los milagros que vieron.
Pero ¿qué de aquellos que no han visto tales eventos de primera mano? ¿Tienen de alguna manera una fe menor que la de un testigo ocular? No, la fe no es disminuida por la falta de la vista. Jesús dijo a Tomás, “bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29b). Pablo observó que “por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). Tomás tuvo fe después de ver. Hoy tenemos fe sin ver, por causa del testimonio creíble de aquellos que fueron testigos oculares.
¿Cuál es la relación entre la fe y el conocimiento? ¿Descarta la fe de alguna manera el “saber”? ¿Puede alguien “saber” y “tener fe” al mismo tiempo, o es esto una proposición de uno o el otro? En Juan 6:69, Pedro dijo al Señor: “y hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Escribiendo en 2 Timoteo 1:12, Pablo dijo “yo sé a quién he creído”. Los samaritanos dijeron a la mujer que les trajo a Cristo, “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo” (Juan 4:42). En su libro Faith and Reason (Fe y Razón), Dick Sztanyo remarcó:
La fe bíblica está construida sobre un entendimiento (conocimiento) previo de lo que es creído... Cualquier concepto de la fe que socava su base objetiva y epistemológica (fundación del conocimiento), ¡no está de acuerdo con la enseñanza bíblica! Hablando bíblicamente, uno no cree que Dios existe (o cualquier otra cosa que sería aceptada “por fe”): (1) en contra de la evidencia; (2) sin evidencia; y/o (3) fuera de la evidencia. Mejor dicho, uno cree por la base de la evidencia suficiente para establecer las conclusiones (1996, p. 8).
La fe está unida directamente al conocimiento. Sin conocimiento (i.e., la evidencia), es imposible producir fe. Además, el conocimiento es crucial para hacer a la fe activa. Sztanyo ha observado concerniente a lo que él llama la creencia “racional”:
Esta evidencia ilumina el intelecto que después hace un compromiso volitivo no solamente posible (ya que ahora sé que creer) ¡sino también racional (i.e., sé que creo)! Por consiguiente, ¡la fe es un compromiso volitivo de un intelecto informado! El conocimiento sin compromiso es incredulidad (Juan 8:30-46; 12:42,43; Santiago 2:19); ¡el compromiso sin conocimiento es irracionalidad! Ninguno es una opción genuina para el cristiano (p. 29, énfasis en original).
En la Biblia, la fe y el conocimiento nunca son puestos en contradicción. A veces, la fe puede ser contrastada con una manera de obtener conocimiento (e.g., la vista), pero la fe nunca es contrastada con el conocimiento o, realmente, con la razón. En adicción, a veces la fe y el conocimiento pueden tener el mismo objetivo. Las Escrituras aclaran que lo siguiente puede ser tanto conocido como creído: (a) Dios (Isaías 43:10); (b) la verdad (1 Timoteo 4:3); y (c) la deidad de Cristo (Juan 6:69; cf. 4:42). Además, el conocimiento siempre precede a la fe, y donde no existe conocimiento, no puede existir fe bíblica.
CONCLUSIÓN
En Hebreos 11, hay una lista de aquellos en “el corredor de la fama de la fe”. Cada individuo en esa lista hizo algo por fe obediente a los mandamientos de Dios. Somos informados que “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín” (11:4), “Por la fe Noé...con temor preparó el arca en que su casa se salvase” (11:7), y que “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia” (11:8). ¿Qué quiere decir “por la fe” en estas afirmaciones? ¿Estaban actuando ellos con ausencia de evidencia? ¿No tenían conocimiento de lo que estaban haciendo, o por qué lo hacían? ¿Estaban meramente dando un “paso de fe”?
En cada caso, la gente implicada actuó porque tenía el conocimiento para basar su fe. A Caín y Abel obviamente se les había sido dicho qué sería un sacrificio “más excelente”. A Noé se le habían sido dadas las dimensiones del arca por Dios. Abraham no se embarcó en un viaje sin destino; él viajó por las direcciones provistas por el Todopoderoso. Ninguno de estos individuos dio un “paso de fe” o actuó por lo que sentía ser una “probabilidad fuerte”. Mejor dicho, actuaron por el conocimiento que produjo la fe bíblica. Brad Bromling abordó este punto cuando escribió:
Algunos se han equivocado al pensar que la fe debe ser puesta en oposición al conocimiento o a la evidencia, como si fuera que cuanto más alguien sabe, menos necesita la fe... Esto es un concepto falso de la fe. ¡La fe está basada sobre el conocimiento!... Cuando alguien consigue el conocimiento de la verdad, entonces está en la posición de utilizar su voluntad y comprometerse a los requisitos de ese conocimiento (1988, 8:24).
El deseo de Dios es que “todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Es Su intención que nosotros crezcamos “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Mediante tal conocimiento, sobre el cual la fe está construida, sabemos que somos salvos (1 Juan 5:13). La promesa del Señor fue: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).
REFERENCIAS
Bromling, Brad (1988), “In Defense of Biblical Confidence,” Reason & Revelation, 8:23-26, June.
Geisler, Norman L. and P.D. Feinberg (1980), Introduction to Philosophy—A Christian Perspective (Grand Rapids, MI: Baker).
Hoover, Arlie J. (1976), Dear Agnos: A Defense of Christianity (Grand Rapids, MI: Baker).
Lipe, David L. (no date), Faith and Knowledge (Montgomery, AL: Apologetics Press).
Osborne, Roy F. (1964), Great Preachers of Today—Sermons of Roy F. Osborne (Abilene, TX: Biblical Research Press).
Paine, Thomas (1794), The Age of Reason (New York: Willey Book Co.).
Russell, Bertrand (1945), A History of Western Philosophy (New York: Simon & Schuster).
Sztanyo, Dick (1996), Faith and Reason (Montgomery, AL: Apologetics Press).
Thomas, J.D. (1965), Facts and Faith (Abilene, TX: Biblical Research Press).
Thomas, J.D. (1974), Heaven’s Window (Abilene, TX: Biblical Research Press).
Vine, W.E. (1999), Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento (Colombia: Editorial Caribe).
Willis, John T. (1979), “Introduction,” The World and Literature of the Old Testament (Austin, TX: Sweet).
Woods, Guy N. (1994), “Faith vs. Knowledge?,” Gospel Advocate, 136[2]:31, February.
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