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Apologetics Press :: Creación vs. Evolución

La Amenaza de la Evolución para la Educación Cristiana
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

En noviembre 24 de 1859, la editorial de Darwin, J.M. Dent e Hijos de Londres, emitió 1,250 copias de su trabajo, El Origen de las Especies. En los próximos 17 años, algo de 16,000 copias del libro serían publicadas—un número tremendo de cualquier libro para ser vendido en ese tiempo y época. Este fue, dijeron algunos, el libro que haría al hombre “eterno”. Desde entonces, la controversia circundante al sistema de la evolución que el libro de Darwin adoptó no ha reducido. Hoy en día, la mayoría de, o tal vez todos los institutos y universidades sostenidos por el estado enseñan la evolución orgánica como un “hecho” de ciencia que no debe ser dudado por ninguna persona cuerda. En una era de secularismo y humanismo creciente, decir que la evolución es la moda es quedarse corto.

Ya que ellos reconocieron que la evolución representaba un obstáculo serio para construir la fe en Dios y en Su Palabra, mayormente los cristianos del pasado se opusieron rotundamente a ésta. La historia del Movimiento de Restauración está llena con ejemplos de exactamente qué amenaza tan seria los cristianos entendieron que la evolución era. En 1925, el proceso a los Scopes trajo a la evolución directamente a la mirada del público. Dos años después, en el otoño de 1927, G.C. Brewer, un predicador bien-conocido entre las iglesias de Cristo, pronunció su “Conferencia sobre la Evolución” en Fort Worth, Texas. Dos años después de esto, en 1929, George Klingman escribió God is (Dios es), publicado en respuesta directa al folleto extensamente circulado, Godless Evolución (Evolución sin Dios), escrito por Charles Smith, fundador y primer presidente de la Asociación Americana por el Avance del Ateismo. Brewer, Klingman, y otros de esa época entendieron que la evolución—no desafiada y consistentemente aceptada—finalmente resulta en la destrucción de la fe en Dios y Su Palabra en los corazones de los hombres.

Hoy en día muchos han admitido también ese punto. De hecho, puede haber poca duda de que la tendencia presente hacia la educación en el hogar, y el incremento significante en el número de escuelas cristianas o privadas en años recientes, son atribuibles directamente al hecho de que padres preocupados no están más dispuestos a sentarse con los brazos cruzados y permitir que sus hijos sean adoctrinados con conceptos evolutivos. El precio—la pérdida del alma de un hijo—simplemente es demasiado alto.

Por tanto, los padres han buscado asistencia de una variedad de fuentes mientras que intentaban encontrar el medio por el cual proteger la fe de sus hijos. Una de las fuentes a la cual madres y padres convinieron con confianza suprema fue la educación cristiana (e.g., academias, institutos, universidades cristianas, etc.). Estas instituciones fueron iniciadas por cristianos preocupados que querían proveer educación de alta calidad y un refugio de seguridad donde los niños tendrían fortalecida su fe en Dios y Su Palabra inspirada. Los padres creyeron que valía el sacrificio financiero el asegurar que la fe de sus hijos fuera tanto protegida y estimulada. Por ende, la educación cristiana llegó a ser una herramienta valiosa. Ya que ésta tenía tales metas altas, y ya que fue tan exitosa en lograr esas metas, ésta floreció.

Incalculables de miles de gente han sido bendecidos con este tipo de educación. No obstante, los pioneros de la educación cristiana en este país [los Estados Unidos—MP] hace mucho que han partido. Y en algunos casos—ya que ellos no están aquí más tiempo para hacernos recordar—sus metas y objetivos han menguado con sus memorias. Como un resultado, en ocasiones aquellos involucrados en la educación cristiana han olvidado sus raíces, y los sacrificios de tantos en el pasado. Consecuentemente, ha ocurrido la tentación de fusionarse una vez más con el seudo-intelectualismo—oposición que fue la razón por la cual la educación cristiana comenzó primeramente. Gradualmente, sin sentido, nosotros llegamos a ser eso a lo cual intentamos oponernos. Un buen ejemplo de esto es la enseñanza de la evolución orgánica y teísta.

El origen y el destino están enlazados inextricablemente el uno al otro. Enseñar conceptos erróneos sobre los orígenes a menudo resulta en la enseñanza de conceptos erróneos sobre el destino. Si nosotros damos a los jóvenes un concepto falso y torcido de su origen, finalmente ellos terminarán también con un concepto falso y torcido de su destino. G. Richard Culp, en su libro, Remember Thy Creador (Recuerde a Su Creador), anotó:

Uno quien duda del relato del Génesis no será el mismo hombre que una vez fue, ya que su actitud hacia la Escritura Sagrada ha sido corrompida por la falsa enseñanza. Génesis es repetidamente referida en el Nuevo Testamento, y no puede ser separada del mensaje cristiano total (1975, pp. 160-161).

Aquellos que enseñan en, sirven como administradores para, o sostienen financieramente las escuelas cristianas necesitan recordar dos puntos importantes planteados por el Dr. Culp. (1) Si nosotros enseñamos a los jóvenes que la evolución es verdadera y que el relato de Génesis de los orígenes no es fiable, no se puede evitar alterar su actitud hacia el resto de la Escritura, y guiarlos a creer que esto, también, no es fiable. (2) El relato del Génesis no puede ser separado del “mensaje cristiano total”. Cristo, a menudo dio Su sello de aprobación para asuntos relacionados a los orígenes tratados por Moisés (Juan 5:46,47; Marcos 10:6 et.seq.; Mateo 24:37-39; et.al.). Otros escritores inspirados del Antiguo como del Nuevo Testamento hicieron lo mismo (e.g., Salmos 8; Nehemías 9:6; 1 Pedro 3:20,21; Romanos 1:20,21; 1 Corintios 15:45; et.al.). Existen más de 200 alusiones a, citas de, o referencias al libro de Génesis en el Nuevo Testamento, y más de la mitad de estos son de los primeros once capítulos.

LECCIONES DEL PASADO

En su obra ilustre, The Christian Scholar (El Erudito Cristiano), los profesores Adron Doran y J.E. Choate han provisto un documental escalofriante, de registros históricos reales, de eventos que ocurrieron en la Escuela de la Biblia en Lexington, Kentucky durante los años de 1912-1917. Su tratado provee un interesante caso de estudio, y muestra qué puede pasar cuando las escuelas cristianas abandonan la enseñanza de la Palabra de Dios sobre los orígenes y reemplazan tal enseñanza con el dogma evolutivo.

Durante el tiempo de vida de J.W. McGarvey, Isaiah B. Grubbs, Charles L. Loos, y Robert Graham (la “antigua guardia” en el Colegio de la Biblia), los salones de clase estuvieron libres de la enseñanza de la evolución y otras formas de liberalismo. Pero no poco después que ellos hubieron fallecido sus antiguas posiciones comenzaron a ser socavadas. R.H. Crossfield, el presidente liberal recién-nombrado del Colegio de la Biblia, se movió rápidamente para nombrar cuatro nuevos miembros de la facultad adiestrados en criticismo superior de la Biblia. Solamente Hall L. Calhoun, quien había obtenido su Ph.D. de Harvard, permaneció como un vestigio de la “guardia antigua”. Calhoun, quien fue el Decano del Colegio, había sido entrenado por el mismo McGarvey como su protegido. Pero el nombramiento de Crossfield destruyó toda esperanza que Calhoun tenía para el futuro del Colegio de la Biblia.

Pronto en 1917, Benjamin F. Battenfield, un estudiante maduro (al final de sus treintas) en el Colegio de la Biblia, se quejó delante del Decano Calhoun acerca de que la evolución orgánica estaba siendo enseñada como un hecho en sus clases, portando con el evidencia que sostenía su reclamación (clases, notas, enunciados de otros estudiantes, etc.). Battenfield había llegado al Colegio de la Biblia en 1910, ya que él quería una educación a los pies de hombres quienes él pensó que reverenciaban a Dios y a Su Palabra. Al final, tal educación probaría ser más difícil de entender que lo que él alguna vez hubiera anticipado.

Calhoun fue convencido por la evidencia que las acusaciones de Battenfield fueron correctas, y empezó a tratar de corregir lo que él vio como un problema doctrinal serio en el programa de enseñanza del Colegio de la Biblia. Pero él iba a encontrarse con oposición severa de prácticamente todas partes. Mientras que la oposición de los miembros de la facultad y de la administración del Colegio hacia su postura crecía, Battenfield decidió hacer el asunto público. En marzo 12 de 1917 él escribió por correo una carta abierta a trescientos ministerios, acompañada por una petición firmada por numerosos estudiantes, pidiendo al Consejo de Administración una investigación imparcial de los cargos. Doce días después, el Decano Calhoun emitió un comunicado a la Christian Standard (una revista religiosa popular de ese tiempo), en el cual él declaraba: “En respuesta a ciertas preguntas que han llegado a mi,...la sinceridad me compele a declarar que por más de un año yo he estado completamente convencido que el criticismo destructivo estaba siendo enseñado en el Colegio de la Biblia” (como citado en Doran, 1986, p. 4). Casi inmediatamente, el presidente Crossfield y los miembros de la facultad acusada montaron un contraataque, publicando una carta de negación, declarando que las acusaciones de Battenfield eran falsas y representaban nada más que un ataque cruel, injustificado en contra de la escuela. El periódico de la escuela, el Crimson Rambler, llegó a implicarse, tomando el lado de la escuela.

A pesar de las súplicas de aquellos fuera de la atmósfera académica quienes amaban y apreciaban la escuela, el Consejo de Administración decidió conducir solamente una investigación interna y breve. En mayo 2 de 1917, el Consejo se reunió para investigar las acusaciones Calhoun/Battenfield. Cuando miembros adicionales del cuerpo de estudiantes vinieron para apoyo de Battenfield, proveyendo testimonio ocular acerca de lo que había sido enseñado en sus clases, fueron señalados y castigados académicamente. Estudiantes que pudieran haber provisto información valiosa nunca fueron entrevistados por el Consejo. En breve a partir de entonces, el Consejo publicó un reporte negando cualquier culpabilidad, y defendiendo a los profesores implicados, aseverando que: “El Consejo cree que la disposición para preservar lo bueno del pasado, combinado con la habilidad para mejorar la tarea del presente, debería ser el principio fundamental para su puesto en el Consejo de Administración de la institución” (como citado en Doran, 1986, p. 4). Todos los esfuerzos por reabrir la investigación, y por asegurar un equipo de investigación neutral e independiente, fueron rechazados por el presidente Crossfield y los miembros del consejo de administración. Como Doran ha sugerido: “Los resultados fueron un disimulo completo y un perfecto encubrimiento...” (1986, p. 4). El Dr. Calhoun fue dejado sin ninguna elección sino renunciar a su cargo, lo cual hizo en el verano de 1917. En su tratado de esta controversia, los biógrafos de Calhoun ofrecieron estos comentarios conclusivos y escalofriantes:

No hay realmente lugar para finalizar este interminable capítulo en la “Batalla del Libro” de 1917 que sacudió las mismas fundaciones del Colegio de la Biblia de Lexington, Kentucky, por más de doscientos días. Las ondas expansivas del periodo posterior del terremoto no han amainado todavía (Doran y Choate, 1985, p. 121).

Como un resultado de estos eventos, el Colegio de la Biblia entró en un extremo liberalismo. Los miembros de la facultad enseñaron la evolución como un hecho, los administradores lo aprobaron, y los miembros del consejo lo ignoraron. Numerosas iglesias de Kentucky pasaron resoluciones disociándose del Colegio. Aquellos que trataron de corregir el problema fueron despreciados y denigrados. No obstante, finalmente la historia probó su testimonio verdadero (vea Doran y Choate, 1985, pp. 103-121; vea también Doran, 1986, pp. 4,10).

LECCIONES PARA EL PRESENTE

Evaluando los eventos que ocurrieron entre 1912 y 1917 en el Colegio de la Biblia, Doran ha escrito: “Es del todo posible para el ‘Incendio Voraz en la Hojarasca’ que barrio el Colegio de la Biblia en 1917, barrer los recintos de nuestros Institutos y Universidades cristianas hoy en día” (1986, pp. 4,10). Esta es una advertencia que no debería ser ignorada, especialmente a la luz de las enseñanzas que han sido documentadas en algunas escuelas cristianas. Existen indicaciones claras que la oposición a la enseñanza de la evolución no es tan pronunciada como una vez fue, y que algunas instituciones pueden estar en peligro de viajar por el mismo camino al liberalismo como el Colegio de la Biblia.

Por ejemplo, en 1985-86, tanto estudiantes en curso en ese entonces y recién graduados del departamento de biología de la Universidad Cristiana de Abilene (ACU) se quejaron delante de la administración de que dos profesores, Archie Manis y Keneth Williams, estaban enseñando la evolución como un hecho. El Dr. Manis incluso entregaba fotocopias de Génesis 1 de su Biblia personal, sobre la cual él había escrito a mano la palabra “mito”. El escenario en ACU fue casi una duplicación exacta de la del Colegio de la Biblia. El presidente de ACU, William Teague, negó los cargos enérgicamente, aun cuando testimonios oculares y pruebas escritas estaban disponibles para documentar los cargos. El Consejo de Administración realizó una “investigación interna” superficial, y rechazó los requerimientos de alumnos y cristianos interesados por una investigación independiente. El Consejo luego publicó un reporte, negando todos los cargos. Un libro de 200 paginas, Is Genesis Myth? (¿Es Génesis un Mito?), expuso el acontecimiento vergonzoso (vea Thompson, 1986). Finalmente, bajo coacción, la Universidad colocó restricciones sobre las enseñanzas de los profesores—una acción que ocurrió solamente después de la presión pública y la pérdida de soporte financiero para la escuela. En enero de 1988, el Dr. Manis anunció que, como un resultado de “la controversia de la evolución” (como él lo designó en una entrevista publicada en el periódico del estudiante de la universidad), él iba a renunciar para aceptar una posición enseñando biología de secundaria en otra ciudad de Texas (vea Fitzpatrick, 1988, p. 1).

Anterior al debacle en la Universidad Cristiana de Abilene, dos científicos cristianos en la Universidad de Harding, Jack Wood Sears y Donald England, enviaron una carta a varios eruditos del lenguaje bíblico. Acompañando su carta de octubre de 1983 estaba un cuestionario relacionado a los orígenes como tratado en Génesis. No obstante, el cuestionario estaba claramente “cargado” de un intento para obtener respuestas que apoyen los panoramas uniformistas sostenidos por los profesores (vea Sears, 1969, 1983; England, 1972, 1983). Entre las preguntas que el cuestionario hacía, por ejemplo, estaba esta: “¿Existe un principio de la gramática hebrea o una regla de exégesis que impediría la posibilidad de un lapso de tiempo indefinido entre los versículos uno y dos o entre los versículos dos y tres de Génesis capítulo uno?”. Los profesores también preguntaron: “Asumiendo que los días de la creación de Génesis uno fueron de veinticuatro horas al día, ¿existe un principio de la gramática hebrea o una regla de exégesis que demande la conclusión de que cada uno de los seis días de la creación fueron consecutivos, es decir, sin tiempo que pudiera haber transcurrido para separar el día uno del día dos, día dos del día tres, etc.?”.

Afortunadamente, el cuestionario llegó a ser analizado por algunos que se dieron cuenta de lo que estos hombres estaban tratando de hacer, y sus esfuerzos fueron expuestos públicamente (vea Thompson y Jackson, 1984, 4:5-12). En un debate con este escritor en noviembre de 1983 sobre la evolución, creación, y la edad de la Tierra (vea McClish, 1983), el Dr. Sears anunció públicamente que los resultados de este cuestionario serían publicados en un libro próximo. Afortunadamente, debido a la exposición de sus intenciones tanto como de la naturaleza sospechosa del cuestionario, el libro nunca se materializó y los resultados del cuestionario fueron archivados completamente.

En 1984, John Clayton de South Bend, Indiana, publicó en su revista Does God Exist? un artículo por Norman Hughes, profesor en la Universidad de Pepperdine (que se auto-califica como una Universidad cristiana). El artículo, titulado “Monism, Belief, y Scientific Explanations” (“Monismo, Creencia, y Explicaciones científicas”), sugirió que los cristianos no deberían temer a la creencia en la evolución. El autor declaró: “Yo creo que es una aceptación no-crítica de la falacia monista la cual causa que muchos creyentes estén aterrorizados con la idea de la evolución” (1984, 11[5]:16). Una reacción pública respondió a esta falsa enseñanza (vea Jackson, 1984). Dos años después, el Dr. Hughes escribió una carta a la revista Journal of the American Scientific Affiliation, en la cual señaló: “Yo soy un teísta—yo creo en Dios y en Jesucristo como Su revelación a la humanidad. Yo soy un evolucionista... Pero por favor, ¡no me llame un ‘evolucionista teísta’!” (1986, 38[4]:282). ¿Qué, exactamente, le gustaría al profesor ser llamado—un “teísta evolutivo”? Uno no puede evitar sino el preguntarse que está enseñando a los jóvenes encomendados a él por los padres que pensaron que estaban mandando a sus hijos a una universidad cristiana para fortalecer su fe.

CONCLUSIÓN

La amenaza—tanto a la fe de la persona joven y al futuro de la educación cristiana—que esta clase de enseñanzas representa no puede ser exagerada. El éxito y la solidez en el pasado no garantizan que una institución sea inmune al liberalismo hoy. Se ha dicho que la única cosa necesaria para que la maldad triunfe es que los hombres buenos no hagan nada, y que la apostasía está solamente una generación adelante. La educación cristiana vino a existencia ya que los padres querían proteger las preciosas almas de sus hijos. La enseñanza de la evolución destruye esa meta. Después de todo, si la evolución es verdadera, los jóvenes no tienen almas. Entonces, la pregunta llega a ser: ¿Cuánto tiempo pasará antes que nuestros hijos averigüen eso por sí mismos, y actúen en concordancia?

REFERENCIAS

Culp, G. Richard (1975), Remember Thy Creator (Grand Rapids, MI: Baker).

Doran, Adron and J.E. Choate (1985), The Christian Scholar: A Biography of Hall Laurie Calhoun (Nashville, TN: Gospel Advocate), pp. 103-121.

Doran, Adron (1986), “Satan Has Done It Before,” Christian Light, May, pp. 4,10.

England, Donald (1972), A Christian View of Origins (Grand Rapids, MI: Baker).

England, Donald (1983), A Scientist Examines Faith and Evidence (Delight, AR: Gospel Light).

Fitzpatrick, Julie, (1988), “Manis Resigns Faculty Position,” in The Optimist [Abilene Christian University student newspaper], January 15, p. 1.

Hughes, Norman (1984), “Monism, Belief, and Scientific Ex-planations,” Does God Exist?, ed. John N. Clayton (South Bend, IN: Donmoyer Avenue Church of Christ), 11[5]:16.

Hughes, Norman (1986), “‘Theistic Evolution’—A Confusion of Terms?,” Journal of the American Scientific Affiliation, 38[4]:282.

Jackson, Wayne (1984), “A Pepperdine Professor and Evolution,” Christian Courier, (Stockton, CA: Courier Publications), 20[8]:29-31.

Klingman, George (1929), God Is (Cincinnati, OH: F.L. Rowe).

McClish, Dub, ed. (1983), Studies in Hebrews (Denton, TX: Valid Publications), pp. 405-434. Este volumen es la grabación impresa de la segunda conferencia anual de Denton, y contiene en forma escrita el debate entre el Dr. Sears y este escritor.

Sears, Jack Wood (1969), Conflict and Harmony in Science and the Bible (Grand Rapids, MI: Baker).

Sears, Jack Wood (1983), “How the Worlds Were Framed,” Studies in Hebrews, ed. Dub McClish, (Denton, TX: Valid Publications), pp. 405-416.

Thompson, Bert (1986), Is Genesis Myth? (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Thompson, Bert and Wayne Jackson (1984), “That ‘Loaded’ Questionnaire,” Reason & Revelation (Montgomery, AL: Apologetics Press), 4:5-12.



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